Qué hacer cuando llega el fin del mundo. Parte: 24

Desgraciadamente, he de decirte que esto, a pesar de tenerlo muy claro, requiere una vigilancia constante por tu parte y habrás de dedicar, al igual que a las otras cosas, una buena cantidad de tiempo y energía a protegerte de estas eventualidades. Ni siquiera siendo un experimentado finmundista como yo, se llega a estar absolutamente a salvo; la prueba la tienes en que mi última intervención, antes de llegar a este planetilla perdido de la sección 49711 en el universo Ugghl (nombre acordado por convenio interdimensional) acabé, en lo que para ti son unas tres semanas, devorado por una bestia inmunda llamada Grogslheimineffert tras una durísima batalla que me desgastó totalmente y que, como te puedes imaginar, terminó con esa de mis existencias. Por otra parte, es cierto también, que se debió a una conjunción de factores totalmente inusual, como la combinación del hecho de tener los calcetines poco aseados (importante si tienes 16 pies) y dedicar tres días a bailar en un lodazal para satisfacer las necesidades sexuales de una nativa. ¿Quién puede esperar que el moho sea un enemigo tan voraz? Cuando me quise dar cuenta, mis calcetines se habían convertido en una masa grisácea, blanda y peludilla, junto con la mitad de mi cuerpo, en avanzado proceso de descomposición… y la nativa me había dejado una nota bajo una piedra, en la que me indicaba que se marchaba a buscar otro superviviente más completo. ¡Ilusa! ¿¿A quién iba a encontrar en esa roca infernal que tuviera más conocimientos sobre lo que pasaba que yo??

Al menos, el sexo estuvo bien.

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