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El valor de la instantánea

Llevo más de 15 años haciendo fotografía desde que compré aquella primera Zenit para regalársela a la que entonces era mi novia y acabé usándola más que ella.

Millones de fotos, horas de laboratorio de blanco y negro, cursos, mucho estudio y sobre todo ir avanzando con los tiempos. Aún recuerdo cuando compré la “Finepix S1 Pro”, primera cámara reflex, digital de 35mm y  los fotógrafos me decían aquello de que  “El digital nunca llegará a sustituir al analógico porque no se pueden conseguir los mismos colores”. ¡Qué tiempos!

Ahora hay una nueva revolución. La raíz está en la Lomografía, pero sin ese toque snob. Con la implantación de los móviles como herramienta para todos y de los smartphones, que permiten conectar a internet y hacer postprocesos simples en el propio dispositivo, hemos vuelto a valorar la instantánea como algo creativo. Simplemente la mera fotografía, sin apenas trabajo de retoque, sin hacer sesiones larguísimas, o incontables horas de “laboratorio” después. La fotografía ha vuelto a sus raíces.

Esta corriente, además, ha crecido gracias a plataformas como Facebook, Twitter y por supuesto Instagram o Pinterest. Ahora cualquiera puede hacer una fotografía y que sea valorada por otros y eso está bien. Es el momento de hacer valer “el buen ojo”. Ya no se trata de procesos más complejos, sino simplemente de encontrar imágenes, capturarlas y exponerlas. No todo buen fotógrafo es un buen cazador de instantáneas, pero es un gran ejercicio de simplificación. Os dejo cinco consejillos que pueden ser útiles:

  1. Buscad la foto y pesadla antes de disparar
  2. Si se puede, haced más de una y seleccionad
  3. Evitad en lo posible los objetivos fáciles: Hijos, Mascotas, Novi@s
  4. La comida, o está bien iluminada, o carece de interés
  5. Revisad la foto con ojo crítico antes de subirla

Os dejo algunas de las mías para que veáis que no siempre me hago caso, pero procuro intentarlo :D. Podéis seguirme a través de Instagram como @zetastudio y por supuesto en Twitter y Facebook como siempre.

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Techno-arte

La verdad es que tenía pensado empezar con otro post, pero después de que sean las mil de la mañana y estar aún liado con la web, me paro a pensar en lo complejo que es ser artista o artesano en el siglo XXI.

Y es que se tocan los extremos. Por ejemplo:

  • Hace unas semanas estábamos fabricando una nueva mesa de trabajo y en vez de escuchar un “casette”, sonaba una lista de reproducción de Youtube desde mi ordenador.
  • El cartel que está en la puerta del taller lleva acero inoxidable cortado con plasma, pero el diseño se hizo a ordenador, se imprimió y se plasmó
  • Una de las últimas piezas es un grabado en porcelana montado sobre madera, que procede de una foto tomada con el móvil 
Y podríamos contar mil más, pero para alguien que es un tecnófilo convencido, no es algo tan extraño… Hasta que alguien  viene desde fuera y te lo dice, o hasta que te paras a pensar que usas una técnica milenaria, como la elaboración de la porcelana (por ej.) y al terminar la pieza haces una foto desde el móvil y la subes a Instagram.
Yo, que fui un neoludita convencido, he llegado a la conclusión de que la tecnología no quita valor al arte, sólo aporta nuevas herramientas, como las aportaron la industrialización de los materiales, el uso del torno eléctrico o aún si me apuras, el uso del papel en el arte. Ahora no lo concebimos sin estos elementos, pero estoy seguro de que en su momento hubo quien se negó a usarlos.
Esperemos que la tecnología facilite cada día más a los artistas que expresen las cosas tal como las imaginan y entonces sabremos que hemos tomado la decisión adecuada
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