ingeniería

El arte mágico de la cerámica

La cerámica es un arte complejo. No es como las demás artes.

Siempre digo esta frase:

“Un pintor pinta y ahí queda. Un ceramista, Crea, espera, Repasa, espera, Bizcocha, espera, Esmalta, espera, Cuece, espera y reza, para que en ninguna parte del proceso la pieza se rompa o se convierta en algo que él no quiere”

Los ceramistas estamos hechos de otra pasta.

Llevo desde que soy un niño metido en diferentes artes y, en gran medida, he mamado la cerámica de mi madre, que también es ceramista aunque ahora no ejerza. He aprendido y hago: Música, Fotografía, Pintura, Escultura, Literatura, Arte Urbano, Infografía, Diseño, Cocina y Cerámica. Tengo perspectiva, vamos; y aún así, la cerámica me parece una de las artes más difíciles que existen.

Internet está muy bien... Pero cuando necesitas algo concreto, mejor que tengas los #Libros necesariosLa cerámica tiene más de 10.000 años. Es un arte extraordinariamente antiguo y casi podríamos decir que es el primer arte tecnológico. Hasta que llegó la cerámica, el arte plástico era la pintura y la talla. Pero la cerámica era otra cosa. Necesitaba control, proceso, fuego, temperatura…. Hacía falta ingeniería para ella. La cerámica es el arte, de cuando los humanos empezamos a aprender a pensar; después llegó el resto.

Muchas otras artes han pasado de ser algo meramente tecnológico a ganarse un espacio propio (cine, fotografía, infografía, net-art…), pero sin duda, la cerámica es la que más conserva su espíritu tradicional. A pesar de los milenios y de que la tecnología y la industria nos han puesto a la mano esmaltes industriales que funcionan muy bien, pastas manejables y económicas, tornos eléctricos y hornos estables y limpios; la cerámica sigue siendo en gran medida tradicional. Los ceramistas seguimos buscando formulando y probando nuestros propios esmaltes, algunos, como en este taller, formulamos y probamos nuestras propias pastas cerámicas, otros fabrican sus propios tornos u hornos, e incluso los hay que siguen buscando sus minerales en la naturaleza en torno al taller. Y es que:

NO SOMOS CERAMISTAS, SOMOS DRUIDAS.

Cogemos materiales sin sentido, barro, piedras, agua, lo tratamos, lo cuidamos, lo perfeccionamos y después lo convertimos en una pieza que nada tiene que ver con lo que era antes ni volverá a serlo jamás. Somos magos del conocimiento y con una ciencia tan antigua como la agricultura.

Los ceramistas, permanentemente a medio camino entre la ingeniería y el arte, puede que seamos una de las artes mayores menos apreciadas por los “artistas mayores”. La mayoría de los pintores y escultores jamás van a comprender por qué hacemos lo que hacemos. A qué viene tanto esfuerzo para hacer “cáncanos”, como dice una amiga mía. Pues la respuesta es fácil:

La cerámica, no es sólo un arte. También es un reto.

Nos pasamos gran parte de nuestro tiempo en el taller perfeccionando técnicas, buscando la manera de que nuestros procesos sean más sencillos y efectivos y jugando con los elementos a nuestro alcance para sacar productos cada vez más cercanos a nuestros propósitos… o todo lo contrario, para que el resultado del horno cada vez nos sorprenda más. Y aún así, hagamos lo que hagamos, cada vez que abrimos el horno siempre es una sorpresa, que en ocasiones es agradable y en ocasiones decepcionante.

Da igual. Seguiremos haciéndolo.

Este arte es complejo, difícil, casi místico, sólo para una minoría… pero hay algo que está claro. La cerámica, engancha.

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