foncastín

Un taller en el campo

 

Desde hace casi un año tengo abierto mi nuevo taller. Tras muchos años de dedicarme a otras profesiones, he vuelto a montar un taller de cerámica, recuperando así mi carrera.

Puede parecer extraño y os puedo asegurar que para mis amigos que me conocen como productor o como fotógrafo… lo es. La verdad es que durante años, cada vez que alguien me ha preguntado “¿Y tú estudiaste cine?” Yo respondía con una sonrisa en los labios y decía: “Bueno… en realidad, yo soy ceramista :)”. Antes tenía gracia… ahora dedico unos 10 minutos a explicarle a la persona en cuestión que un ceramista no es sólo alguien que hace botijos. Pero en fin.

Volviendo a lo que os contaba. No sólo he abierto un taller de cerámica, cosa que está muy bien después de tantos años y que me ha costado unos cuantos meses de volver a estudiar y recordar técnicas que ya tenía casi olvidadas, sino que además he pasado de vivir en Madrid, a vivir en un pequeño-pequeño pueblo de Valladolid (130 habitantes censados, 80 viviendo) en el que sales a la calle y normalmente no ves gente. Qué queréis que os diga, pero me encanta. Como todo, sus cosas fáciles y sus cosas complicadas, pero eso no quita para que sirva perfectamente a mis propósitos.

Desde este día, fue oficial 😀

Como detalle, os contaré que llevo viviendo desde Julio, desde Agosto del año pasado la gente nos ha visto trabajar (puse el torno en el patio ex profeso para ello) y hasta hace unos meses, que no he puesto un cartel en la puerta no ha sido, realmente “oficial”. No sé si es que se pensaban que se trataba de un hobbie, pero en todo caso, me parece curioso. Supongo que a la gente, en general, le cuesta pensar que “de esto del arte” también se vive.

Me encanta mi nuevo pueblo y sus gentes siempre dispuestos a ayudarte (juro que no es por hacer la pelota porque no creo que ninguno llegue a leer este post) y ya os contaré más cosas de él y de lo que es vivir en el campo para un ex-urbanita como yo.

Por lo pronto, sólo anticiparos que si tenéis un carácter sociable y pocas necesidades creadas, se puede vivir bien en cualquier sitio.

Por cierto. Mi taller está en medio del fabuloso “llano castellano” y mi pueblo se llama Foncastín de Oliegos (Rueda, que ese os sonará más).

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